Con este post damos comienzo a un apartado que tendrá bastante importancia en Espanish Inquisition y que abarcará un poco de la historia del cine japonés (una pasión oculta, o no, de quien escribe). En este caso nos centraremos en el cine Japonés de carne y hueso (de samuráis, of course, pero no solo eso), ya que para el anime contamos con todo un experto en materia como es ALL y, aunque puede que en un tiempo un servidor se atreva a hacer algún pinito por esos lares, el grueso de esa importante vertiente queda a muy buen recaudo en sus manos.
Aunque se trate de un filme menos conocido que obras maestras como las que trataremos en breve: "Los siete Samuráis" o "Yojimbo" de Akira Kurosawa o "Harakiri (Seppuku)" de Masaki Kobayashi, damos el pistoletazo de salida con la primera entrega de la trilogía que Hiroshi Inagaki dedicó a la figura del Samurái.
Toshiro Mifune (nombre que iremos repitiendo hasta la saciedad de ahora en adelante) interpreta a Takezo, el protagonista de la trilogía. Mifune es el actor más carismático del cine samurái y cualquier película en la que él aparece gana por su simple presencia. Digamos que podría ser como un Bruce Willis en su pleno explendor (cuando tenía más pelo, hacía aquello de los morritos y no encadenaba un número importante de pelis truño total a sus espaldas), pero aun con más carisma. Destacan en él su poder interpretativo, esa forma de gritar el japonés, sus gestos corporales y faciales, su manejo de la katana... una serie de factores que lo convirtieron en el icono representativo dentro de este género del cine nipón.
Takezo y su amigo Matahachi abandonan el pueblo para luchar con su ejército, pero tras ser derrotados se refugiaran en casa de Oko, una viuda que vive con su hija. A las dos mujeres se las presenta como bastante faltas de compañía masculina y veremos como intentan seducir a Takezo. Sin embargo será su amigo Matahachi el que acabe sucumbiendo a Oku, después de un fallido intento con su hija, y marchándose con ambas, olvidando a su prometida.
Ya desde el principio parece que vayamos a ver una obra épica, de inmensa calidad, que vamos a gozar de hora y media de cine japo. Y esto se consigue en gran medida gracias a la música de Ikuma Dan que suena al inicio y nos acompañará a lo largo de la narración. Puede que sea de lo mejor de un film que al final no acaba de llegar a cumplir las expectativas, sin ser ni mucho menos una mala película. Eso si, de entrada encontramos a Mifune sin su característico bello facial y esto, queráis que no, sabéis que algún punto resta.

